Introducción Síntesis Tango y Religión Magdalena y Jesús

 

2. SÍNTESIS DE LA OBRA

 

Obertura: Cruzando el cielo y el mar del olvido, llega una pena de un tiempo lejano, es una pena tan cruel y tan honda,/ sólo un tango la puede nombrar.

 

I. Manos Impuras: Jesús de Nazaret recorre los caminos anunciando a los hombres su Evangelio de vida. María Magdalena se siente atraída por el joven maestro y su palabra de esperanza. Sigue sus pasos de cerca y lo ama en silencio: ¡Déjame ser sombra de tu senda,/ hoja seca, tapiz de tus pasos! Judas se escandaliza al oír este canto y le habla al nazareno para prevenirlo: ¡Maestro! no permitas/ ni quieras que te toque./ Sus manos son impuras,/ impura, su mirada.

Magdalena se niega al amor que Jesús le declara (¡Bálsamo suave es tu nombre, María,/ a blancos jazmines huele tu piel!) porque se sabe marcada por la garra del pecado: ¡Dios no permita que la luz de tu tarde/ se hunda en la sombra de mi ayer!

La bella actitud de Magdalena ayuda al nazareno a llevar su doctrina hasta sus últimas consecuencias. El Evangelio del amor se hace también un Evangelio del perdón que se expande y echa raíces en los corazones puros del pueblo: No le pidas que te deje/ y se aleje de tu lado./ Dondequiera que vayas, ella irá,/ donde vivas, allí vivirá./ Tus ojos serán sus ojos/ y tu voz será su voz.

 

II. Pasión y Muerte: Pero surgen poderosos enemigos, los defensores acérrimos de la Ley, acusados por los humildes de faltarles misericordia para perdonar. Traman, por ello, la muerte de Jesús. Una turba de acusadores lanza el rumor envenenado de que el ejército romano desatará una represalia a causa del agitador: Por la maldad de un impío galileo/ pagarán ahora los hijos de la Ley./ ¿No conviene que muera uno/ a que perezca todo el pueblo? Apelando a engaños y mentiras, se busca desatar el pánico entre los hombres inocentes: Darán chispa al campo y a la tierra/ y harán cenizas de establos y casas,/ quien viva dentro será presa del fuego/ y quien fuera, caerá por la espada. El temor engendrado por la amenaza puede más que el sentimiento de la vida bella. Triunfan, finalmente, los hijos del castigo y del rigor.

Abandonado por los suyos, desamparado por su Padre, Jesús es clavado en la cruz. Desde lo alto del patíbulo, confiesa a Magdalena su amargo fracaso: Magdala, ya no lo dudes, entrega mi semilla a la arena./ ¡Que el sol no salga, que no llueva,/ que no pueda florecer!

 

III. María del Dolor: Una gacela herida vaga perdida en la noche del dolor. Se siente culpable de la muerte de Jesús y reclama a Dios con angustia infinita: ¿Por qué permitiste que me haya mirado,/ que haya puesto sus ojos en mí? Presa del desconsuelo, Magdalena maldice la noche en que abrió sus ojos a la luz: Maldigo la hora en que nací,/ negra luna en que mi padre dijo:/ "Una niña nos ha sido dada", y reprocha al cielo por haber permitido el sacrificio del ser más puro que la tierra conoció: Muéstrame un jazmín/ florecido en el alma/ de quien haya luchado/ ¡mi Dios! en tu nombre./ Enséñame un gorrión/ nacido en tu nido/ al que hayas concedido/ el milagro de volar.

 

IV. Un Tango para Nombrarte: María se sostiene en el abismo enlazando en la memoria la esperanza y el dolor: Ni la muerte podrá separarnos,/ estaremos juntos aun muertos los dos./ Tus sueños serán mis sueños/ y tu amor será mi amor.

Pasados dos milenios, la historia resucita y se vuelve poesía en la letra de un tango: Un amor así no muere nunca./ ¿Cuándo murió un amor prohibido?/ Pasan los siglos, perdura tu historia,/ (…) Es una pena tan cruel y tan honda/ y este tango la quiere evocar.